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El psicópata que terminó con la vida de tres jóvenes amigas de Cipolletti - Télam

El psicópata que terminó con la vida de tres jóvenes amigas de Cipolletti – Télam

María Emilia, Paula y Verónica: las tres amigas a quienes sus padres vieron por última vez el 9 de noviembre de 1997.

Mara Emilia, Paula y Vernica: las tres amigas a quienes sus padres vieron por ltima vez el 9 de noviembre de 1997.

El tipo no tena el aspecto de un condenado a prisin perpetua. Era ms bien pequeo, casi frgil, y su cara lampia irradiaba un aire tardamente infantil. Al igual que su risita. Con ella remataba todas sus frases, transformndola en un insidioso latiguillo. Hasta ensay una justificacin al respecto:

–Me rio porque soy inocente. Puedo rer porque tengo la conciencia en paz. No as los padres de las chicas asesinadas. Ellos no se pueden rer, sabe? Ni pueden decir que se hizo justicia.

En ese instante la risita se le disolvi para dar paso a una mirada atroz y, con voz filosa, solt:

–Yo no estara condenado si me hubiera callado la boca…

Entonces, clav los ojos sobre una ventana enrejada para proseguir:

–Lo nico que se utiliz en mi contra fueron mis propios dichos. As se lleg a la conclusin de mi culpabilidad. Aunque nadie sabe realmente si yo particip o no en el hecho que se me imputa.

Las palabras de Claudio Kielmasz –vertidas al autor de este artculo a comienzos de 2003 en la Unidad 9 de Neuqun– sonaban algo confusas. Y se referan a un caso que en su momento sacudi al espritu pblico: el triple crimen de Cipolletti, ocurrido el 9 de noviembre de 1997.

Paseo hacia la muerte

Durante el caluroso atardecer de ese domingo, Vernica Villar fue a la casa de las hermanas Mara Emilia y Paula Gonzlez. Las tres iran a un descampado cercano a las vas del tren. All sola airearse la gente del lugar durante los das de calor. Nada hizo suponer que esa salida sera un paseo hacia la muerte.

Por la noche, la ausencia de las chicas inquiet a sus padres: Juan Villar y Ulises Gonzlez no tardaron en hacer la denuncia.

La bsqueda policial no arroj resultados. La de los vecinos s, aunque recin en la maana del martes.

Don Ulises lleg justo cuando un grupo de uniformados acordonaba la zona. Sin ocultar su desesperacin, resbal al abalanzarse sobre una silueta que yaca debajo de unos olivillos. Como pudo, recuper la vertical. Entonces fue atajado por el comisario Luis Seguel, que le dijo:

–Pare, Gonzlez. No la haga ms difcil. Las pibas estn muertas.

Cuatro miembros de la Polica Cientfica revisaban a otra las vctimas. Uno de ellos, con una llave en la mano, pregunt:

–Esto sirve para algo? Puede tener huellas?

–No. As como estn, no –le contest un sargento.

–Las tiramos? –dijo su interlocutor, antes de arrojarlas.

Sus colegas seguan trabajando sobre los cuerpos. Varios tiros y puntazos haban trazado el final de las chicas.

En tanto, el escenario del crimen se haba convertido en una especie de romera: la polica de Rio Negro dej entrar a familiares, periodistas y simples curiosos. Casi todos los habitantes de Cipolletti peregrinaron hacia aquel sitio. As se desdibujaron toda clase de huellas, rastros y evidencias. Seguel, quien deba preservar la escena de los crmenes, hizo todo lo contrario. Cabe resaltar que su desprolijidad no fue involuntaria: en los bordes del caso acechaba una confusa constelacin de intereses y complicidades. Pero eso an no se saba.

La muerte de las chicas enardeci a buena parte de los 85 mil habitantes de la ciudad. Muchos apedrearon la Comisara 4.Justo entonces apareci el mismsimo ministro de Gobierno provincial, Horacio Joulia, con un anuncio que sorprendi a todos: “El hecho est esclarecido!”, bram a la multitud.

Segn su versin, una llamada annima a la sede policial haba revelados los nombres de los presuntos asesinos.Era en realidad la segunda fase del encubrimiento.

Sus forzados protagonistas fueron Horacio Huanca y Mario Seplveda, dos marginales que vivan en sendas taperas no lejos del lugar de los crmenes. Los fueron a buscar a tiros. Uno fue malherido por varios impactos. Y el otro result milagrosamente ileso. Si hubieran muerto, el caso quedaba cerrado. En cautiverio, fueron torturados para forzar una confesin.

En paralelo, trascenda un informe forense que descartaba la hiptesis de la violacin. Entonces, el mvil del hecho adquiri rango de enigma. Otro peritaje determin la participacin de por lo menos cuatro asesinos. Huanca y Seplveda estuvieron detenidos tres meses.

Crimen por error

Claudio Kielmasz en una reciente audiencia por zoom desde un penal pampeano.

Claudio Kielmasz en una reciente audiencia por zoom desde un penal pampeano.

Durante el atardecer del 6 de diciembre, un gemido entrecortado atraves la siesta de Susana Gonzlez, la madre de Paula y Mara Emilia. Al principio lo atribuy a una pesadilla. Pero ya despierta, se dio cuenda de que aquel llanto provena del comedor. Y al asomarse advirti una presencia esmirriada. Su esposo luca perplejo. El desconocido alternaba sus lgrimas con expresiones de miedo. Aseguraba haber visto a los asesinos. Y tambin dijo saber donde haban tirado el arma.

A continuacin, fue con don Ulises al lugar. El revlver estaba all. Se trataba de un Bagual calibre 22.

La conducta del Kielmasz estuvo alimentada por una audacia rayana al desquicio. No solo mont la escena para entregar el revlver sino que tambin intervino en las marchas por el esclarecimiento del hecho e incluso tom la palabra en alguna ocasin, adems de profundizar un extrao vnculo con los familiares de las vctimas. Tambin se present ante la Justicia para declarar como testigo. Pero, luego, lo hizo en calidad de imputado.

Su testimonio, en parte, era veraz: el revlver era el arma utilizada en el triple crimen. Pero un detalle no lo favorecera: en los registros figuraba su propia mam como propietaria.

Luego ampli su declaracin en tres oportunidades y, con el fervor de un dramaturgo, fue variando los hechos y sus protagonistas.

Ya en 2003, desde la Unidad 9, dio su versin final: “Yo necesitaba algo creble para cobrar los 2.500 pesos de recompensa.

En aquel momento, dos cirujas estaban acusados. Por eso no me pareci una mala idea dejar el arma cerca de donde vivan. Nadie iba a sospechar de m. Fui ambicioso por querer ganar unos mangos. Solamente quera ese dinero. A m la justicia me importaba un bledo. Le haba borrado la numeracin al arma, pero no saba que era posible hacer un revenido qumico. Y me mand hasta el cuello por irme de boca”.

En mayo de 1998 fue detenido otro de los presuntos implicados. Era Guillermo Gonzlez Pino. Y las mujeres seran su perdicin: una –Nlida Garrido– termin declarando que l haba estado aquel domingo en el lugar del triple crimen; otra –su propia pareja– lo hundi an ms al decir que esa noche lleg manchado de sangre y con la ropa rasgada.

El tipo era un hampn de poca monta. Resida en el barrio Magster; all se dedicaba a la compra-venta de vehculos robados, era sopln de la polica y socio de algunos uniformados en una variada gama de asuntos. Esa relacin robusteci la hiptesis de una interna entre grupitos mafiosos. En tal contexto, se plane matar a tres prostitutas vinculadas a uno de los sectores en pugna. Pero los encargados de la faena habran confundido a las vctimas. Un crimen por error.

El escndalo fue imposible de frenar: la cpula policial de la provincia fue descabezada y sus integrantes, junto a la patota de Seguel, fueron procesados por asociacin ilcita, encubrimiento, apremios ilegales y los exoneraron de la fuerza. Pero lograran sus reincorporaciones por va judicial para obtener los retiros y las correspondientes pensiones.

Gonzlez Pino, que haba sido condenado en primera instancia a 18 aos de crcel, sali en libertad en julio de 2005, tras una apelacin en la que un tribunal lo benefici por falta de pruebas. Finalmente puso los pies en polvorosa para eludir su captura por otros delitos. En la actualidad no se sabe su paradero.

Kielmasz fue el nico condenado por el triple crimen.

En aquella lejana tarde de 2003, se despidi de quien esto escribe no sin un destello de honestidad:

–S que parezco siniestro y que no tengo sentimientos. Pero, qu es lo que puedo hacer? Es lo que soy.

Y remat la frase con su risita.

Actualmente cumple su condena en un penal de La Pampa.

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